chinchetas average

A propósito de chinchetas

Hace un rato, revisando la sección de artículos generales de papelería de nuestro catálogo de average.es, vi las chinchetas niqueladas, y enseguida recordé haber visto u oído en alguna otra ocasión, referirse a estas de aspecto plateado como chinchetas cromadas. Y he aquí la duda: ¿son en realidad unas diferentes de las otras, o acaso sólo ocurre que nos hemos acostumbrado a aplicar estos términos indistintamente?

chichetas-cromadasLe preguntaré a alguno de nuestros proveedores cuál es la manera apropiada de llamarlas: ¿chinchetas cromadas, o niqueladas? De cualquier modo, supongo que no será demasiado relevante determinar si ha sido níquel o cromo el metal empleado en la fabricación de éstas; a no ser, claro está, que se trate de otro tipo de chinchetas, pues bien sabido es que estos elementos de fijación, también conocidos como chinches o tachuelas, no sólo son utilizados en papelería.

Tratándose de chinchetas destinadas a labores de tapicería (por ejemplo), quizás sí sería mucho más importante precisar este detalle de su composición o acabado. No obstante, incluso entre las simples chinchetas de papelería, aparte de esa posible distinción respecto al metal empleado, existen también diferencias en lo tocante al tamaño, la forma y el color.

Sean niqueladas o cromadas (ya lo averiguaré), o plastificadas o de otro tipo, las chinchetas de papelería son fáciles de reconocer, y tienen una utilidad indiscutible. Dentro de la sección de material de papelería, seguro podremos encontrar las chinchetas más adecuadas para nuestro propósito. Pequeñitas pero matonas, las chinchetas son un práctico y viejo método de sujeción, aunque según creo haber visto publicado en la Wikipedia, su invención es bastante reciente, de principios del siglo pasado.

A propósito de chinchetas, no he podido evitar recordar el accidente sufrido por uno de mis compañeros de la ESO. Debíamos estar a mediados de primero, pero era fin de semana, y el chico no estaba en la escuela, sino en su casa, siguiendo un partido de futbol por la tele, cuando, presa de la distracción, se puso a mordisquear una chincheta que encontró solitaria y abandonada sobre la mesa del salón. Entonces llegó el gol decisivo, y la emoción le hizo saltar del sofá y, de rebote, aspirar la chincheta.

Un par de días después, aquel llegó a clase, todavía algo asustado, pero exhibiendo con cierto orgullo aquella radiografía de tórax, en la que se distinguía con imponente nitidez la imagen del puntiagudo objeto, atrapado entre sus costillas. No consigo acordarme de cómo se llamaba ese muchacho; mas, no es de extrañar, tras lo sucedido nadie volvió a llamarle por su nombre. ¡Cuánto tiempo ha pasado ya! Me gustaría saber qué habrá sido de la vida del “chincheta”.

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