Expresiones-populares

Expresiones populares, su origen.

expresiones-la-ocasion-la-pintan-calvaTodos solemos repetir este tipo de expresiones, muchas veces sin saber su sentido exacto y, menos aún, su origen. Repasemos algunos ejemplos. Con frecuencia oímos decir: “A la ocasión la pintan calva”. Los más imaginan que se refiere a una diosa romana: Ocasión, bellísima, pero sin un cabello. Los menos, qué se trata de demostrar con esas palabras, cuán rápidamente debemos aprovechar las oportunidades, porque si las dejamos pasar por nuestro lado,  no podremos asirlas de la cabellera; hay que sacar partido de ese segundo en que se nos acerca. Lo que he pensado siempre es que por esta razón, los antiguos la representaban así.

Seguramente conoces el significado de la expresión: “Estar en Babia”: Babia, un lugar cercano a Asturias, era el sitio en el cual pasaban las vacaciones los Reyes de León, por allá por la Baja Edad Media. En ocasiones, ocurrían hechos graves, pero el Rey estaba en Babia, y no se enteraba de nada. Por eso se emplea la frase, si nos encontramos como ausentes, pensando en las musarañas.

No hay tutía”. Se usa cuando una enfermedad carece de cura. La atutía o tuthía (del árabe altutiya) era un ungüento que sanaba todos los males; al menos, eso creían en aquella época. Consistía en una mezcla de sulfato de cobre, óxido de zinc  y otras sales metálicas.

Una de las expresiones populares más conocidas y usadas es: “Gato encerrado”. Esta expresión denota que hay algo oscuro o secreto. El origen parece ser la costumbre, durante la Edad Media, de llevar ocultos entre la ropa, monederos hechos con cuero de gato.

Cuando veas las barbas de tu vecino pelar (cortar), pon las tuyas a remojar”. También se acostumbra a decir: “Cuando veas las barbas de tu vecino arder, pon las tuyas a remojar”. Algunos opinan que  en esta segunda variante,  no se trata de barbas, sino de bardas. Barda, en su segunda entrada léxica, es la cubierta de ramaje, espino, broza, etc., que se pone sobre las tapias de los corrales y huertos, para protegerlos de la lluvia. Otros, en cambio, afirman que la expresión original hace alusión al antiguo hábito de remojar las barbas en agua caliente antes del rasurado. En todo caso, el refrán encierra el mismo sabio y de sobra conocido sentido.

De la Ceca a la Meca”, “Correr la Ceca y la Meca”, “De Ceca en Meca”, son locuciones figuradas y familiares: De una parte a otra, de aquí para allá. Ceca, del árabe sikka, cuño o troquel de moneda, lugar donde se acuña, es la casa donde se labra moneda. En Marruecos, moneda, y en Argentina, cruz, reverso de la moneda. Ceca es nombre propio femenino. Meca, del árabe Makka, nombre propio de la famosa ciudad de Arabia Saudí, cuna de Mahoma, primera ciudad santa del islam. Aparecen otras acepciones de la palabra meca.

El origen de la frase: “El suplicio de Tántalo”, es el siguiente: Tántalo, hijo de Zeus y de la ninfa Plato, fue condenado a permanecer en el centro de un  lago de aguas claras que se retiraban del alcance de sus labios cuando quería calmar la sed. Sobre su cabeza colgaban frutas que se escapaban de la mano, si pretendía tomarlas. Un peñasco enorme amenazaba con desplomarse sobre él. El castigo se le impuso porque divulgó secretos que su padre le confió. Esta expresión se emplea en esos casos en que no se puede alcanzar lo deseado, aunque se tenga cerca.

“Mar de fondo” significa, entre los marinos, una agitación que se inicia en  alta mar, y que viene a chocar contra la costa, aunque en esta no haya señales de mal tiempo. En sentido figurado, decimos “mar de fondo”, y no: “mal de fondo”, como muchos creen, al alboroto, a la agitación de un grupo de personas. Se emplea también para calificar al rumor desagradable que se produce: “Alguien confundió, quizás de propósito, la noticia y se formó un terrible mar de fondo”. Y no era para tanto: “Hizo una tempestad en un vaso de agua”.

Sí, esta es otra de nuestras más conocidas expresiones populares. Según se sabe, Pablo, Gran Duque de Rusia, dijo a propósito de las revueltas de Ginebra: “Es una tempestad en un vaso de agua”. Se afirma que antes, Cicerón la había dado a conocer en De Legibus, libro III, capítulo XVI. Los romanos se servían de ella al referirse a sucesos de poca importancia  que parecían tenerla mayor. Todavía se emplea con bastante frecuencia.

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